La veterinaria tiene una parte invisible que no se aborda en las facultades: el duelo, la culpa y la presión emocional. El veterinario debe tomar decisiones que no son agradables, como la eutanasia de un animal y acompañar a la familia en ello. También debe comunicar diagnósticos irreversibles y otras situaciones que, si no se saben llevar, pueden acabar pasando factura.
Eso es lo que le pasó a nuestra invitada, María Pifarré Valero, quien tras atender a más de 100.000 animales y acompañar más de 2.500 finales de vida, se sentía agotada.
