La nueva Ley de Medicamentos ha generado un fuerte malestar entre los veterinarios, que denuncian que la normativa limita su capacidad de actuación, impone una burocracia poco efectiva, retrasa los tratamientos y encarece los servicios. Muchos profesionales aseguran además sentirse forzados a incumplir su código ético o a enfrentarse a sanciones desproporcionadas por intentar atender correctamente a sus pacientes.