Durante años, el malestar emocional de los estudiantes de Veterinaria ha sido un tema del que apenas se hablaba. Se intuía en los pasillos, en el cansancio acumulado, en la presión por no fallar y en una vocación que, poco a poco, empezaba a pesar. Hoy, ese malestar tiene cifras. La mitad del alumnado de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) ha sufrido depresión, ansiedad y/o estrés; un 32%, burnout; y un 10,6% ha tenido pensamientos suicidas. Cifras que rompen con la imagen idealizada de una profesión asociada al amor por los animales y obligada a mirar de frente a una realidad mucho más difícil.
