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Fechas de consumo

Uno de los atributos que más se tiene en cuenta a la hora de adquirir un alimento, es el que conocemos popularmente como "frescura". En realidad lo que el consumidor persigue, es que los alimentos que compra se encuentren dentro del periodo denominado de "vida útil", en el cual mantienen todas las características que lo convierten, en apto y aceptable para el consumo.

 

Hay que tener en cuenta que los alimentos, sufren con el trascurso del tiempo un inevitable proceso de deterioro. En algunos casos como, pescados y carnes frescas, este proceso es muy rápido, mientras que en otros es muy lento, como sucede por ejemplo en el caso de las conservas. Las causas de alteración pueden ser físicas, como la desecación del pan por pérdida de humedad. En otras ocasiones son de tipo químico, como en el proceso de maduración de los vegetales, que termina pudriendo las frutas y verduras. Por último se citan a las de tipo microbiológico, cuando son debidas a la acción de microorganismos.

 

Afortunadamente todas estas alteraciones se pueden ralentizar, manteniendo al alimento bajo el efecto de unas determinadas condiciones de conservación. Por ejemplo, el envasado o la refrigeración. En definitiva la vida útil de un alimento está influida, además de por el tiempo, por el respeto de sus condiciones de conservación. Ahora bien, ¿quién y cómo fija la vida útil? ¿y cómo conocer si un alimento está dentro de este periodo?.

 

De acuerdo con la normativa existente, la vida útil de un alimento se establece mediante las denominadas fechas de caducidad, y de consumo preferente. El fabricante es quien tiene la responsabilidad de establecer estas fechas, para cada uno de los alimentos que produce, y de reflejarlas en el etiquetado.

 

La fecha de caducidad se usa para productos muy perecederos, que pueden suponer un peligro para la salud en el caso de crecimiento de microorganismos. Rebasada esta fecha, el alimento no se ha de consumir.

 

La fecha de consumo preferente se utiliza para alimentos que no entrañan un riesgo tan evidente. Normalmente las alteraciones suelen ir ligadas a causas no microbiológicas, como pueda ser por ejemplo, el endurecimiento de un producto de bollería. En este caso la indicación de no consumir el alimento cuando es superada la fecha, se convierte en recomendación.

 

En cualquier caso, para evitar sorpresas se han de respetar unos simples consejos, como comprobar en el momento de la compra que estas fechas ni se han rebasado, ni están próximas a hacerlo, así como mantener las condiciones de conservación, recomendadas por el fabricante en el etiquetado de sus productos.

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