Información al ciudadano

Agresiones caninas

Hoy día es frecuente que personas que aun no teniendo perro, tienen que interaccionar con estos animales. Las visitas a amigos y familiares, o los paseos por parques y vías públicas, son algunas de las formas más comunes de entrar en contacto con ellos.

 

Por otra parte, las informaciones sobre ataques de perros a personas han provocado en parte de la población, un cierto temor hacia estos animales. Y es que se han dado casos de perros que atacan a sus propietarios, de agresiones a niños, e incluso de muertes.

 

Antes de entrar en materia deberíamos tener muy presente, que estos casos son indeseables y desgraciados accidentes, provocados por fallos en el manejo y educación de los animales, y no la forma habitual de comportamiento de la totalidad o de ciertas razas de canes. Pero, ¿cómo puede saber un profano que está ante un perro realmente peligroso? ¿Qué situaciones hay que evitar?

 

La posible peligrosidad de un animal concreto y el riesgo de que una persona pueda ser o no atacada por este, depende de muchos factores. En la mayoría de los casos un perro ataca a una persona cuando es la única forma que tiene de conseguir un fin: proteger un territorio, defender a sus crías, expresar su miedo, demostrar su dominancia o, lo que sería más deplorable, desarrollar las enseñanzas de su propietario.

 

Para prevenir riesgos hay que evitar saludar a perros desconocidos, entrar en recintos cerrados protegidos por estos animales y, en general, interaccionar con cualquier can del que no tengamos referencias y que no esté controlado por su propietario.

 

En cuanto a las agresiones por dominancia, suelen producirse dentro del grupo familiar directo en el que convive el perro. Esto puede ampliarse a visitas que acuden a la casa donde vive un animal escasa o nulamente educado y que se ha erigido como el rey del hogar. En estas situaciones, el visitante debe evitar todo contacto con él, con sus objetos y sus alimentos. También es lógico que cuando se vaya a un lugar donde haya un perro con antecedentes agresivos no dejemos a los más pequeños campar a sus anchas sin supervisión.

 

Un perro dominante normalmente nos mirará fijamente, tendrá las orejas erectas y dirigidas hacia delante, nos enseñará los dientes, erizará el pelo, estará vigilante... Ante cualquiera de estos mensajes, intentaremos no dirigirle la mirada directamente a sus ojos, y evitaremos cualquier contacto con él o con sus cosas. Tampoco es buena idea echar a correr, ya que esto puede estimular un ataque.

 

En definitiva, hay que prestar atención a esos posibles avisos del animal, para evitar que nos pasen desapercibidos, y que provoquemos una reacción de dominancia.

Agresiones caninas

Hoy día es frecuente que personas que aun no teniendo perro, tienen que interaccionar con estos animales. Las visitas a amigos y familiares, o los paseos por parques y vías públicas, son algunas de las formas más comunes de entrar en contacto con ellos.

Por otra parte, las informaciones sobre ataques de perros a personas han provocado en parte de la población, un cierto temor hacia estos animales. Y es que se han dado casos de perros que atacan a sus propietarios, de agresiones a niños, e incluso de muertes.

Antes de entrar en materia deberíamos tener muy presente, que estos casos son indeseables y desgraciados accidentes, provocados por fallos en el manejo y educación de los animales, y no la forma habitual de comportamiento de la totalidad o de ciertas razas de canes. Pero, ¿cómo puede saber un profano que está ante un perro realmente peligroso? ¿Qué situaciones hay que evitar?

La posible peligrosidad de un animal concreto y el riesgo de que una persona pueda ser o no atacada por este, depende de muchos factores. En la mayoría de los casos un perro ataca a una persona cuando es la única forma que tiene de conseguir un fin: proteger un territorio, defender a sus crías, expresar su miedo, demostrar su dominancia o, lo que sería más deplorable, desarrollar las enseñanzas de su propietario.

Para prevenir riesgos hay que evitar saludar a perros desconocidos, entrar en recintos cerrados protegidos por estos animales y, en general, interaccionar con cualquier can del que no tengamos referencias y que no esté controlado por su propietario.

En cuanto a las agresiones por dominancia, suelen producirse dentro del grupo familiar directo en el que convive el perro. Esto puede ampliarse a visitas que acuden a la casa donde vive un animal escasa o nulamente educado y que se ha erigido como el rey del hogar. En estas situaciones, el visitante debe evitar todo contacto con él, con sus objetos y sus alimentos. También es lógico que cuando se vaya a un lugar donde haya un perro con antecedentes agresivos no dejemos a los más pequeños campar a sus anchas sin supervisión.

Un perro dominante normalmente nos mirará fijamente, tendrá las orejas erectas y dirigidas hacia delante, nos enseñará los dientes, erizará el pelo, estará vigilante... Ante cualquiera de estos mensajes, intentaremos no dirigirle la mirada directamente a sus ojos, y evitaremos cualquier contacto con él o con sus cosas. Tampoco es buena idea echar a correr, ya que esto puede estimular un ataque.

En definitiva, hay que prestar atención a esos posibles avisos del animal, para evitar que nos pasen desapercibidos, y que provoquemos una reacción de dominancia.

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